La vida es algo que nos sucede
La vida no es algo que nos sucede, es algo que interpretamos y que debemos gestionar inteligentemente. La mayoría vive como si fuera un pasajero, cuando en realidad deberiamos ser el conductor (aunque a veces manejamos borrachos).
La vida es determinada por la consecuencia de nuestros actos. Todo lo que nos pasa, por más insignificante que parezca, es resultado de algo anterior. Las coincidencias no son azar, y el destino no es una reserva que nos espera. Todo está influenciado por lo que perseguimos en las interioridades de nuestra mente. Porque la mente domina la vida, no el corazón, como nos han enseñado erróneamente.
Quien domina su mente, lo domina todo. Quien logra domarla aunque sea un poco, se hace consciente de las consecuencias de sus actos y acepta los resultados con calma. Pero al que la mente domina, todo le llega como contrariedad y sorpresa.
La mejor manera de conducir nuestra mente debe ser entrenandola como un músculo. Por tanto, la disciplina no es una opción, es la única forma real de domar esa bestia que llevamos dentro.
Nuestra existencia no debe estar condicionada a la suerte ni sujeta a las circunstancias. La buena suerte no existe ni la mala suerte tampoco. La buena suerte no son más que pequeños detalles que pasan, que atendemos, a los que les prestamos atención y que se acumulan. Un día estallan juntos y parecen un golpe de buena suerte. La mala suerte es igual: eventos superficiales que ignoramos, que descuidamos, que se suman en silencio y terminan creando un golpe de mala suerte.
Los actos, buenos o malos, no siempre dependen de nosotros. Pero sí depende de nosotros la forma en que los enfrentamos. Nuestra vida transcurre entre incidentes y momentos que hacemos buenos o malos. Los plantamos, crecen y se reproducen.
No plantes malos momentos en tus días. Un mal momento se convierte en mala hora, una mala hora en mal día, un mal día en mala semana y una mala semana en meses enteros. Antes de que te des cuenta, tendrás un mal año. Y los años pasan… hasta que terminas con una mala vida que pudo haber sido distinta si no te hubieras dejado llevar por el momento. Ahoga esos pequeños ratos en su raíz.
Termino esta reflexión con texto biblico de Efesios 4:26. "No dejes que el sol se oculte sobre vuestro enojo". Los enojos durante la noche echan raices.
Opaito.
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