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Mostrando las entradas de mayo, 2025

La belleza interior no envejece.

 La belleza interior no envejece. La belleza tiene un carácter subjetivo, corresponde más a quien la aprecia que a quien la posee. Esta afirmación tiene sentido debido a que lo que para uno es bello no lo es necesariamente para otro. Lo bello se fundamenta en el interés y en la necesidad del sujeto que busca satisfacer su interés o la necesidad de aquello que cree bello. Aquellos que más necesidades tienen son quienes más aprecian la belleza, y ese es el objeto principal de la vida: no perder el interés en ella y la capacidad de apreciar lo que se considera bello. Lo que es hermoso tiene, a su vez, una relación directa con la ilusión. Las ilusiones son el combustible que mantiene vivas las emociones, las cuales son las únicas manifestaciones humanas auténticas, porque se sienten en la piel antes de ser procesadas por el cerebro; cuando el cerebro viene a pensar, la piel ya sintió. El único órgano del cuerpo que siente las emociones de manera autónoma y que no responde a un mandato ...

El lenguaje nos delata.

 El lenguaje nos delata. La forma como nos expresamos dice lo que somos y lo que sentimos. El empleo adecuado del lenguaje llano, franco y espontáneo, sin pervertirlo, nos delata. No se refiere faltas orales o gramaticales, sino de pervertirlo como lo hacen los políticos. Por ello el político engaña tan facilmente, porque no habla francamente. Pervierte el lenguaje. Un ejemplo de como el lenguaje delata la intención de un hombre hacia una mujer, consiste en la formas en la que dirije a ella, en determinadas circunstancias. Las formas del lenguaje destacan el grado de sinceridad del hablante. Cuando un hombre dice a una mujer, ¡Que linda está! De seguro ha observado su cara.  Cuando le dice ¡Que sexy está! Es casi seguro que ha mirado su cuerpo.  Cuando un hombre le dice ¡Que hermosa! es porque ha mirado su corazón. Cuando un hombre le dice a una mujer, ¡Oye, te lo quiero meter! es mas sincero que los demás, porque en el fin los cuatro quieren lo mismo. Opaito.

¡Que ironia!

 ME ENAMORÉ POR SU MANERA DE COGER Me enamoré por su manera de coger, por su manera de culear. No por su cara, no por cuerpo, no por olor, ni por su sabor; no por sus sentimientos, ni sus pensamientos, ¡no!, me enamoré por su manera de coger. Estaba medio pendeja, escribía "oli", "sip", "nope" y "ps" y decía un chingo de groserías; era fría, enojona y mamona; no entendía los sarcasmos y le aburrían los temas literarios. Muchas veces quise cambiarla, le regalaba libros, le recitaba líneas, le hacía poesías en papelitos regados, y ella me devolvía las servilletas con un "mejor cógeme como tú sabes, cabrón" Era una ignorante, lo único que sabía era el kamasutra al derecho y al revés; no conocía de libros, ni de poesías, ni de escritores, si empezaba a hablarle de eso, torcía los ojos y me bajaba la bragueta, y succionaba hasta terminar en su boca, después volteaba conmigo lamiéndose los bigotes como una gata, y altanera me decía: —Qué rica...